Morning Has Broken – Eleanor Farjeon (versión icónica: Cat Stevens, 1971/72)

August 13, 2026

Morning Has Broken – Eleanor Farjeon (versión icónica: Cat Stevens, 1971/72)

Introducción: dos nacimientos y una serie que continúa

Esta es la segunda entrega de la serie: ese recorrido personal por las canciones que me acompañaron en distintas circunstancias de la vida. Y esta entrega tiene una particularidad que la hace única en la serie: la canción que nos convoca tiene dos nacimientos. El texto nació en 1931, de la pluma de la escritora inglesa Eleanor Farjeon, para el himnario Songs of Praise. La música que yo escuchaba —la que seguramente escuchaste— nació cuarenta años después, cuando Cat Stevens la grabó en marzo de 1971 en los Morgan Studios de Londres, con el piano de Rick Wakeman, y la lanzó como sencillo en enero de 1972. Hablar de Morning Has Broken obliga, pues, a mirar dos mundos: el de 1931 y el de 1971.

El mundo en 1931. La Gran Depresión, desencadenada por el crac de 1929, asfixia al planeta. En el Reino Unido, la crisis financiera obliga a abandonar el patrón oro en septiembre de 1931; los bancos caen, el desempleo se instala en el paisaje cotidiano. En Europa, los totalitarismos afilan sus discursos. Es, en suma, un mundo que amanece mal. Y sin embargo, en ese preciso año, una escritora londinense escribe, por encargo de un himnario, un canto de acción de gracias por cada día. Ahí reside la primera y más honda paradoja de esta canción: en el corazón de la década más oscura del siglo, alguien se atreve a afirmar que la mañana merece alabanza. No a pesar de todo, sino cada día, incluso en esos días.

El mundo en 1971. Cuando Cat Stevens la graba, el planeta vive otra clase de penumbra: Vietnam sigue ardiendo, la contracultura se repliega y la generación del singer-songwriter busca sentido en la introspección y en lo espiritual. Stevens, que por entonces atravesaba su propia búsqueda (la misma que años más tarde lo llevaría a abrazar el islam y a llamarse Yusuf Islam), convierte un himno escolar británico en un éxito planetario: #9 en el Reino Unido, #6 en el Billboard Hot 100 y #1 en la lista Adult Contemporary de Estados Unidos. En las radios de nuestros países, esa versión —piano de Wakeman, voz tibia de Stevens— fue la que entró en nuestras vidas. La que me acompaña hasta hoy.

Y como dije en la primera entrega: la poesía es un territorio que se me resiste, y por eso admiro a quienes condensan mundos enteros en unos pocos versos. Farjeon lo hace de un modo que roza lo milagroso: en doce versos caben el Génesis, el amanecer, el Edén, la lluvia, el mirlo y una teoría completa de la gratitud.

Eleanor Farjeon: la mujer que escribió la mañana

Eleanor Farjeon (Londres, 13 de febrero de 1881 – Hampstead, 5 de junio de 1965) fue una autora inglesa de literatura infantil, poesía, biografía, historia y sátira. Nació en una familia literaria y artística: hija del prolífico novelista Benjamin Farjeon y de Maggie Jefferson, hija a su vez del actor estadounidense Joseph Jefferson; hermana del compositor Harry Farjeon y del escritor Joseph Jefferson Farjeon. Niña tímida, de salud frágil y mala vista, fue educada en casa, en un ático rodeada de libros, y su padre alentó su escritura desde los cinco años. Esa infancia —que ella misma retrató en su memoria A Nursery in the Nineties (1935)— es la clave de su obra: Farjeon no escribió para los niños como quien baja la voz; escribió desde la mirada del niño, esa mirada para la cual cada mañana es literalmente la primera.

Tras la Primera Guerra Mundial se ganó la vida como poetisa, periodista y locutora; su poesía política, publicada bajo seudónimos como “Tomfool” o “Chimaera” en The Herald, Punch o Time and Tide, está entre lo más logrado de la poesía socialista británica de los años veinte y treinta. Es decir: la autora de un himno de alabanza fue también una cronista crítica de su tiempo. En 1956 recibió, por The Little Bookroom, la Medalla Carnegie y el primer Premio Hans Christian Andersen de la historia; rechazó, en cambio, ser nombrada Dama del Imperio Británico.

En 1931, Percy Dearmer, editor del himnario Songs of Praise, necesitaba un himno de acción de gracias por cada día y le pidió a Farjeon “componer un poema que calzara con la hermosa melodía escocesa” tradicional llamada Bunessan. El texto, inspirado en el paisaje de Alfriston, en East Sussex , se publicó ese mismo año en la edición ampliada del himnario. Décadas más tarde, Farjeon republicó una variante del texto como poema infantil, con el título A Morning Song (For the First Day of Spring), en The Children’s Bells (1957): el himno volvió a ser poema, y la alabanza volvió a casa de la infancia.

El intérprete. Cat Stevens (Steven Demetre Georgiou, Londres, 1948) grabó el himno para su álbum Teaser and the Firecat (1971). El detalle que selló la versión: el piano, arreglado e interpretado por Rick Wakeman, por entonces tecladista de Yes.

Letra completa y traducción al español

Morning Has Broken (Eleanor Farjeon, 1931; melodía tradicional gaélica “Bunessan”) [[2]]

Morning has broken
like the first morning,
blackbird has spoken
like the first bird.
Praise for the singing!
Praise for the morning!
Praise for them, springing
fresh from the Word!

Sweet the rain's new fall
sunlit from heaven,
like the first dewfall
on the first grass.
Praise for the sweetness
of the wet garden,
sprung in completeness
where God's feet pass.

Mine is the sunlight!
Mine is the morning
born of the one light
Eden saw play!
Praise with elation,
praise every morning,
God's recreation
of the new day!

Ha despuntado la mañana

Ha despuntado la mañana
como la primera mañana,
el mirlo ha cantado
como el primer pájaro.
¡Alabanza por el canto!
¡Alabanza por la mañana!
¡Alabanza por ellos, que brotan
frescos de la Palabra!

Dulce la nueva lluvia
iluminada por el sol desde el cielo,
como el primer rocío
sobre la primera hierba.
Alabanza por la dulzura
del jardín mojado,
surgido en plenitud
por donde pasan los pies de Dios.

¡Mía es la luz del sol!
¡Mía es la mañana
nacida de la única luz
que el Edén vio jugar!
Alabanza con júbilo,
alabanza cada mañana,
la recreación de Dios
del nuevo día!

(Nota: existe además una versión castellana de uso himnológico, “Despunta el alba”, de la Comisión del Himnario “Albricias”.)

Análisis filosófico y lingüístico

La gramática del “primer”

El recurso lingüístico central del himno es la repetición del adjetivo first: la primera mañana, el primer pájaro, el primer rocío, la primera hierba. Gramaticalmente, first es un ordinal: indica posición en una serie. Pero Farjeon lo usa como si fuera una cualidad: esta mañana de hoy es la primera. El efecto es doble. Por un lado, un efecto de extrañamiento: el himno nos obliga a ver lo cotidiano —el amanecer, el mirlo, el rocío— como si jamás lo hubiéramos visto, a deshacer la costumbre que vuelve invisible el mundo. Por otro, una afirmación ontológica: cada mañana no es la repetición de la anterior, sino una creación nueva. La tradición teológica llama a esto creatio continua: Dios no creó el mundo una vez y se fue; lo crea cada día, de nuevo. El himno lo dice con una economía que envidia cualquier tratado: “God’s recreation of the new day”.

La Palabra que amanece

“Praise for them, springing fresh from the Word!” — la mañana y el canto brotan “frescos de la Palabra”. Aquí el himno se ancla en el doble comienzo bíblico: el bereshit del Génesis, donde Dios crea diciendo (“Hágase la luz”), y el prólogo de Juan, donde “en el principio era el Verbo”. Lingüísticamente, Farjeon invierte el sentido común: no es que la palabra nombre un mundo que ya está; es el mundo el que brota de la palabra. Y entonces el himno mismo —la palabra cantada— no describe la creación: participa en ella. Los imperativos y exclamaciones (“Praise for the singing!”) no son enunciados constativos sino performativos: al decir “alabanza”, se alaba; al cantarlo, amanece de nuevo. El himno no habla del amanecer: lo hace.

El jardín y los pies de Dios

“Sprung in completeness where God’s feet pass”: el jardín mojado surge en plenitud por donde pasan los pies de Dios. El verso evoca Genesis 3, 8, el Dios que camina por el jardín “a la brisa de la tarde”. Pero aquí no es la tarde de la caída: es la mañana de antes del pecado, el jardín intacto. Cada lluvia nueva, cada rocío, devuelve el mundo a ese estado. Farjeon —la misma que escribía sátira política en los periódicos socialistas— reserva para la poesía la visión de un mundo que, a pesar de todo, sigue siendo bueno, como en el estribillo del Génesis: “y vio Dios que era bueno”.

“Mía es la mañana”: la posesión como gratitud

Y llegamos al verso que, para esta serie, funciona como un eco exacto de la entrega anterior. En The Guitar Man, el oyente encontraba “some words to call your own”: unas palabras que llamar suyas. Aquí el gesto se amplía hasta el cosmos: “Mine is the sunlight! Mine is the morning”. ¿Qué clase de posesión es esta? El sol y la mañana no pueden poseerse; no hay propiedad posible sobre la luz. Llamarlos “míos” es, pues, un acto de pura recepción: poseer como agradecer, tener como recibir. La filosofía del siglo XX distinguió entre el tener y el ser, entre la posesión como dominio y la disponibilidad como apertura; Farjeon, con tres palabras, propone una tercera vía: la posesión como don. Lo único verdaderamente nuestro es lo que se nos da cada mañana, y lo llamamos nuestro precisamente porque lo recibimos. Un niño lo entiende sin esfuerzo; un adulto necesita toda una vida. Por eso Farjeon escribía desde la infancia.

El juego de la luz

“Born of the one light Eden saw play”: la luz que el Edén vio jugar. Y el cierre, “God’s recreation of the new day”, guarda en inglés una ambigüedad deliciosa que la traducción no puede conservar: recreation es “re-creación” (crear de nuevo) y también “recreo”, juego, deleite. Dios re-crea el día y al mismo tiempo se recrea en él; la creación como juego de la luz, como en aquel fragmento de Heráclito donde el tiempo es un niño que juega. Farjeon no elige entre los dos sentidos: los canta a la vez. La alabanza con júbilo (praise with elation) es la respuesta humana a ese juego: cada mañana es el recreo del mundo.

Lo que dijo la autora (y lo que calló)

No tenemos declaraciones de Farjeon explicando “qué quiso decir”: el himno nació como un encargo —Dearmer le pidió “un poema que calzara con la hermosa melodía escocesa”— y ella lo despachó con la humildad del oficio. Pero hay dos gestos que valen como declaración de poética. Primero, haber escrito a la medida de una melodía previa: la forma (esa métrica breve, 5.5.5.4, como un suspiro) no fue un límite sino una condición creadora, igual que el soneto para un petrarquista. Segundo, haber republicado el texto en 1957 como A Morning Song (For the First Day of Spring), en un libro de poemas para niños: despojó al himno de su ropaje litúrgico y lo devolvió a la primavera y a la infancia. Si el himno dice que cada mañana es la primera, la autora hizo con su propio texto lo mismo: lo estrenó dos veces.

Análisis musical

La melodía es BUNESSAN, un aire gaélico tradicional de la isla de Mull, en Escocia, que toma su nombre del pueblo natal de Mary MacDonald, la mujer que cantaba la tonada en gaélico (“Leanabh an Aigh”, asociada luego al villancico “Child in the Manger”). Es una melodía de sabor pentatónico, diáfana, sin una sola nota que sobre: la música ya era “de la primera mañana” mucho antes de que Farjeon le pusiera palabras.

La versión de Cat Stevens tiene una pequeña leyenda detrás. El himno, cantado como está, dura unos 45 segundos; el productor Paul Samwell-Smith sentenció que así no podía entrar en un disco, que necesitaba al menos tres minutos. Stevens, que había oído a Rick Wakeman tocar un boceto de lo que luego sería “Catherine Howard” (de The Six Wives of Henry VIII), le pidió que adaptara esa pieza como apertura, cierre y sección central del arreglo . El resultado es una arquitectura perfecta: el piano abre como en un himnario de iglesia, entra la voz con la guitarra en registro íntimo, el piano de Wakeman despliega su solo central —virtuoso pero luminoso— y todo vuelve a la intimidad del principio. La forma musical reproduce el día: amanecer, mediodía radiante, atardecer sereno.

El detalle humano: Wakeman contó que aceptó tocar por £10, que quedó fuera de los créditos originales y que nunca cobró esa suma; en 2002 Stevens se disculpó, hizo que la discográfica le pagara, y Wakeman destinó el dinero a una de las escuelas de Stevens. Hasta el dinero, en esta canción, terminó convertido en don.

El sencillo alcanzó el #9 en el Reino Unido, el #6 en el Billboard Hot 100 —el puesto más alto de Stevens en esa lista— y el #1 en Adult Contemporary en 1972.

Conclusión

Dos creaciones: 1931 y 1971 En 1931, con el mundo hundido en la Depresión, Eleanor Farjeon escribió un canto de gracias por la mañana. En 1971, con el mundo hundido en Vietnam y en sus propias dudas, Cat Stevens lo devolvió a las radios del planeta. Dos épocas oscuras eligieron, ambas, la misma canción luminosa. Quizá esa sea la medida exacta de esta pieza: no niega la noche —la lluvia, el jardín mojado, la penumbra de donde “surge en plenitud”—, pero afirma que cada mañana el mundo se estrena, y que decirlo en voz alta es una forma de ayudar a que amanezca.

Para esta serie, Morning Has Broken deja además una lección de método: si en la primera entrega aprendimos que el oyente busca “unas palabras que llamar suyas”, en esta aprendemos que hay mañanas que también pueden llamarse propias —no porque las poseamos, sino porque las recibimos y las cantamos. La serie continúa, como las mañanas: estrenándose.

Crédito de imágenes: ilustraciones digitales creadas mediante inteligencia artificial (2026). No corresponden a fotografías ni a obras de autor humano


Referencias