Manual de botánica electoral: la floreciente temporada del cartél marchito
September 4, 2026

Hay que reconocerle un mérito a la política local: es la única disciplina capaz de modificar la geografía urbana de un día para otro. Bastó que se abriera el periodo de campaña para que nuestras calles, paseos centrales y esquinas cobraran una vida que nadie pidió. Repentinamente, los árboles florecieron carteles, las columnas de luz mutaron en soportes de gigantografías y la ciudad entera se convirtió en un catálogo al aire libre de sonrisas perfectas y promesas a estrenar.
Es una experiencia inmersiva. De día, la saturación cromática nos recuerda a cada metro que estamos rodeados de salvadores de la patria. De noche, la experiencia se vuelve directamente mística: potentes reflectores y pantallas de LED estratégicamente orientados se encargan de encandilar al conductor desprevenido, logrando que el votante termine literalmente cegado por el entusiasmo (o por los dos mil lúmenes de un rostro en alta definición).
Lo fascinante de esta especie vegetal conocida como Propagandus Electoralís es su ciclo de vida. Es de rápido crecimiento durante la campaña, pero de una asombrosa inmortalidad tras el día de las elecciones.
El lunes posterior a los comicios ocurre el milagro de la metamorfosis:
- El candidato electo ya no necesita los carteles porque tiene despacho nuevo.
- El candidato perdedor prefiere no recordar la inversión realizada.
- El cartel, en consecuencia, pasa a ser bien de nadie y basura de todos.
Así, las lonas comienzan su lento proceso de fosilización urbana. Primero pierden el brillo con la lluvia; luego se deshilachan con el viento; finalmente quedan colgando de un solo alambre como un triste monumento a la memoria corta. Para cuando llegue la siguiente elección, la nueva tanda de propaganda se colocará piadosamente sobre los restos de la anterior, creando una rica estratigrafía geológica de mentiras superpuestas.
Quienes aspiran a convencernos de que tienen la capacidad de limpiar la ciudad, ordenar el tránsito y administrar el futuro, empiezan por saturar nuestro espacio, cegarnos en las avenidas y abandonar sus desechos en la vía pública.
Quizás la verdadera prueba de idoneidad no debería ser el debate en televisión ni el eslogan en la radio, sino un examen mucho más simple y revelador: darle a cada candidato una escalera, una tenaza y una bolsa de basura el día después de las elecciones, para ver cuántos de ellos recuerdan la dirección de la calle que prometieron transformar.
Crédito de imagen: ilustración digital creada mediante inteligencia artificial (2026). No corresponde a fotografías ni a obras de autor humano