Peregrinación anual

No, no me refiero a ninguna actividad religiosa, aunque tal vez sea correcto decir que se debe cumplir religiosamente. Incluso es posible que sirva para nuestra edificación personal, aún cuando es dudoso que sirva para mejorar cualquier otra cosa.

Estoy reflexionando sobre el dudoso ejercicio de pagar los impuestos y tasas municipales. Ya pasó más de un mes de la dolorosa experiencia anual, pero sigo rumiando al respecto.

Veo un tema complejo, con varias aristas. Desde el punto de vista del contribuyente, esa costumbre paraguaya de dejar todo para último momento no es necesariamente el principal implicado en este calvario anual. Es cierto, no somos demasiado previsores para esto. Pero es difícil pensar que la gente pasa de un año a otro con la idea puesta en ponerse al día con la municipalidad. Lo más razonable es creer que hay otras prioridades y que además el aguinaldo se gastó, en gran medida, en las fiestas. Sumemos a esto que las facturas no llegan precisamente el 2 de enero, sino a lo sumo empiezan a hacer su aparición alrededor del 15, cuando el contribuyente promedio siente que va a ser necesario pedir un anticipo porque el mes parece haber llegado al día 45.

Desde el punto de vista institucional también hay otros considerandos. Para empezar, parece mentira que justo hacia finales de enero se produzca una repentina escacez de cajeros/cobradores. Resulta increíble ver como se alarga la fila de contribuyentes que, factura en mano, esperan su turno para pagar, mientras que una sola persona suda la gota gorda tratando de agilizar los trámites y ruega a todos los santos que el sistema informático responda y no se cuelgue. Porque este también es un personaje de la época… por algún motivo, la red no parece estar dimensionada para procesar tantas transacciones y se cuelga en facturación, y se cuelga en caja, y la frustración aumenta de ambos lados.

Ciertamente, existe la opción de pagos en línea. Solo hay que aceptar pagar un monto (comisión + IVA) por la comodidad de pagar desde la computadora o el celular. Maravilla. Me preparé para hacer uso de la tecnología y evitar las colas interminables. El único detalle es que hay que contar con la factura correspondiente. Las de impuestos inmobiliarios y tasas llega por correo, pero las demás tienen que tramitarse en la municipalidad o en los centros municipales. En conclusión, algo de cola hay que hacer. Pero incluso después de obtener los comprobantes necesarios, no todo es color de rosa. Algunos pagos en línea no se actualizan en tiempo real, así que si hay que pagar facturas atrasadas para que se puedan imprimir las nuevas sin los recargos correspondientes, hay que seguir esperando. En el centro de atención de un banco de plaza me dijeron que la actualización de esos saldos puede llegar a tardar más de 24 horas, aún cuando el saldo en la cuenta ya disminuyó.

Y finalmente, llega la guinda de la torta. Obtenida y pagada la factura para la renovación del registro de conducir, se entera uno de que la perforación se hace únicamente en la sede central y no en los centros municipales. No hay motivos claros para esta decisión. Después de dar vueltas y vueltas buscando un lugar para estacionar, de esquivar cuida coches y otros vehículos que circulaban por ahí, de sacar número y esperar (otra vez) mi turno, lo único que atinan a decirme es que dar la potestad de perforación a los centros municipales es un peligro. Dinero si, perforadora no.

Ahora descanso y trato de olvidar el tema hasta fines de enero de 2018, cuando nuevamente recuerde que llegó la fatídica hora.

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